"¡Cuenta hasta diez!" me gritan y me pierdo en el siete así que me aguanto la respiración un rato y me doy la vuelta cuando me parece. No hay nadie. Solo el árbol y yo y me siento a esperar a que se descubran por sí solos. "¡Tramposo! ¡Has de moverte!". "¡Yo ya no quiero jugar! ¡Esto es un rollo!" y me voy silbando detrás una gata que pasaba por allí. Aunque es mentira. Sigo jugando pero ellos no lo saben. Forma parte de un plan maléfico en el que al final todos quedan atrapados y ¡espera, corre, da igual! "¡undostres Clara! ¡Detrás del cubo de basura!". Así que va a ser ella la próxima en pillar y ya no me interesa si Max se quiere hacer el interesante y esconderse en el sitio ése que dice que solo él conoce y que cuando le seguí la última vez me pegó una paliza y luego mamá me riñó por llegar a casa con el labio partido. No es justo si es más grande que yo, no es justo porque corre más y cuando le veo que se acerca ya es tarde y no soy capaz de llegar al árbol antes que él y se ríe y yo solo puedo mirarle con odio y con el mismo fuego en los ojos que años después reconoceré al escapar de la concha y la arena y las olas, pero eso no lo sé y me toca esconderme y el corazón se me acelera mientras no encuentro dónde y finalmente veo un saco grande al que voy corriendo y me meto dentro porque sé que allí no me buscarán.
Pero no me quedo, hay demasiada gente. Me miran todos con cara de incredulidad, como si yo no tuviera derecho a estar aquí dentro. Veo sus grandes ojos como platos y aunque reconozco a algunos al resto no y tampoco quiero estar con ellos porque sé que soy diferente aunque a veces me mires con esa mueca de amargura en que me odias tan igual a los demás y se me rompe el corazón y luego otra vez y otra hasta que pido basta.
Total, que me quedo fuera del saco y lo miro fijamente y me olvido de todo porque aún no soy mayor para concentrarme en las cosas importantes y sin saber por qué le pego una patada pensando que a lo mejor le doy al que más se lo merece y que se joda el muy cabrón.
Cuando me doy cuenta de lo que he hecho me voy corriendo quedándome a medio camino entre la satisfacción y el miedo y el desconcierto y el valor de hacer lo que está mal hecho y cuando me paro y veo que realmente estoy en medio de la explanada como una estatua de piedra oigo algo que me es familiar pero que se me había olvidado "ocho, nueve, diez. ¡Undostres Nicolás!". No es justo, ¡no es justo! ¡Siempre a mí!
Monday, December 10, 2007
El escondite inglés
en
8:09 AM