Hoy me he perdido en una concha.
No habrían pasado más de dos minutos desde que había acabado el bocadillo cuando las olas han traido una concha a mis pies. La he dejado estar un rato mientras se decidía entre permanecer en la arena o volver al mar.
En nosotros suele ser habitual sentirse duras conchas y protegerse así del sol y del mar, en este caso ha sido ella la que ha decidido hacer de humano y sentarse a disfrutar del sol boca arriba.
Así de esta manera nos hemos quedado los dos tomando el sol pudiendo pasar uno de esos raros momentos en que el silencio entre desconocidos no es incómodo.
Sabiendo que no debía, cuando me he atrevido a mirarla el reflejo del sol en el nácar me ha cegado. Mis sentidos estaban inundados con tanta luz mientras el sol me golpeaba la cabeza y sólo he conseguido escapar a traves del ruido de las olas rompiendo unas con otras. Una vez he conseguido componerme, perdido en el blanco viendo la imposibilidad de trepar hasta el borde de la concha, he optado por dejarme resbalar hacia el centro cuando, sin importarle mi opinión, ha decidido regresar al mar. En su primer intento el golpe de una ola ha conseguido alejarnos de la orilla un par de metros pero la dureza del impacto ha sido suficiente como para hacer que volcaramos.
De la luz cegadora a la oscuridad ciega. Atrapado en el interior de la concha mi estado actual sólo me permitía escapar excavando un túnel bajo la arena, pero debía darme prisa antes de que otra ola consiguiera lo que la anterior no había podido. Después de arrastrarme hasta donde el borde de la concha besaba el suelo, he empezado a apartar la arena con mis manos. Daba gracias al cielo de que no estuviera muy húmeda y pudiera apartar los granos con cierta facilidad. Alocadamente, sería por el miedo o el ansia, he intentado abrirme paso sin pensar y cada vez que movía la arena la concha se hundía un poco más.
Respira hondo, calma, pensaba. Pero quizá eso fuera peor, la duda de si tendría una reserva de aire limitada me ha puesto aún más nervioso. Casi olvido que el mayor peligro venía por parte de las olas que se acercaban en ciclo. No conseguía recordar cuantas olas formaban un ciclo hasta que regresaba la primera. Pero, ¿sería la ola que nos volcó la mayor del ciclo?¿Llegaría alguna mayor en breve? El miedo me atenazaba, me imaginaba arrastrado mar a dentro surfeando la gran ola o cayendo en una inmensa batidora. Me sentía imbécil por dejarme controlar por pensamientos estúpidos.
Respira hondo (¿cuanto aire me queda? ¿Se filtrará el aire entre los granos de arena?). Calma.
Bajo la concha, el silencio. La oscuridad. La bocanada de aire tranquilizador. Luego el impacto.
La fuerza de la ola debe habernos separado lanzándome a la arena mientras la concha conseguía volver al mar. He tardado unos segundos en darme cuenta de que estaba vivo y poder volver hasta donde estaban mis cosas. Sin darme cuenta mis ojos brillaban con furia y he tenido que esconder una sonrisa malvada de satisfacción mientras me iba.
Monday, November 26, 2007
El mar, el sol, la concha
en
7:44 AM
Tuesday, November 20, 2007
Una hora en la playa
Una hora en la playa en noviembre no basta. Da igual la hora. No basta. Esta vez no estoy preparado, mañana creo que tampoco lo estaré. Es diferente a la última vez que estuve aquí, aquello era final de verano y la casualidad quiere que de la bolsa salte una servilleta de papel del helado que comí aquel día. Las olas vienen y van y esta vez se han colado en mi mochila. Devuelvo la servilleta a la bolsa preguntándome cuándo decidirá volver a salir, sin saber qué hará de mientras ni dónde irá.
Mediodía y solamente una hora. No basta. Me veo entrando en el mar, repasando las olas mientras permito que me inunde el olor. Ahora, una hora después, recupero el aliento del mar entre mis manos. Una hora no basta para eliminarlo, estoy impregnado mientras me siento en la arena y muerdo una manzana que había elegido por su aroma y ahora ya no me sabe a nada más que a mar.
No me basta. Quiero más.
en
10:00 AM